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Alternativa agroindustrial para 'sacar pecho' gracias al café colombiano

Baner Caso de éxito. Imagen contiene: foto de 2 Campesinos en plantación de café.
Por: Sebastián Correa Rodríguez- Periodista OSCAE

La nutrida tradición colombiana obliga a pensar en las costumbres más influyentes que nos han llevado a ser lo que somos hoy: gente alegre, despierta y con toda la energía positiva para sacar el país adelante. ¿Quién lo creyera? Una de las costumbres más arraigadas que aglutina todos esos rasgos distintivos de Colombia se genera gracias a un pequeño fruto de grano ovalado que se produce justo aquí en nuestro territorio: EL CAFÉ. Quizás usted, como millones de colombianos, se despertó esta mañana y lo primero que hizo fue preparar su taza de café para dejar definitivamente el sueño atrás y comenzar el día con la mejor actitud. O tal vez reserve esa taza para tomársela después de almorzar y recargar energías para el resto de la jornada.

Siempre hemos visto al café como un complemento indispensable, como un acompañante perfecto de nuestra rutina y, ante todo, un motivo de orgullo y reconocimiento a nivel mundial. Por eso no es de extrañar que en términos de utilidades, la investigadora Esperanza Jaramillo haya encontrado un valor agregado en el café que exalta aún más sus beneficios. Esta inventora manizaleña ha logrado obtener creaciones a partir del aprovechamiento de los residuos del café que permiten colaborar con la preservación del medio ambiente. Actualmente, cuenta con siete patentes de invención concedidas por la Superintendencia de Industria y Comercio, además del reconocimiento de la Asociación de Café Orgánico de los Estados Unidos a la investigación “Producción de hongos comestibles a partir de residuos del agroindustrial del café”.

Para esta edición del Boletín RUTA PI, Esperanza Jaramillo muestra algunos detalles sobre el desarrollo de sus creaciones y los beneficios que le trae la protección de sus inventos a través de la Propiedad Industrial.

  1. Por lo general, utilizamos el café como acompañante de comidas o para tener energía. Desde su experiencia, ¿de qué otra manera podemos aprovechar el cultivo y la industria del café?

La industria del café genera muchos residuos, tanto en el campo donde se cultiva, como en su procesamiento. Solo el 9.5% del peso del material inicial o fresco (granos de café) es usado para la preparación de la bebida y 90.5% queda como residuo. Puede usted imaginarse las toneladas de residuos que muchas veces van a los rellenos sanitarios en el caso de la industria, o a ríos y quebradas en el caso del cultivo. Con los años se han generado industrias alrededor de esos residuos y hoy se tienen productos con valor agregado y tecnología.


Trabajo con residuos desde los veintidós años. Fui empresaria cultivando champiñones en los años 80. Más tarde, desde el año 1997, comencé a trabajar en la utilidad de los residuos en procesos industriales y agroindustriales gracias a que me vinculé con la Fundación ZERI (Zero Emissions Research Initiative).

Gracias a esta fundación, Gunter Pauli (fundador) y a mi experticia en hongos comestibles y medicinales me vinculé a Cenicafe donde se trabaja con residuos de la agroindustria del café. La Federación Nacional de Cafeteros siempre ha estado preocupada por el medio ambiente y ha buscado soluciones a esta problemática. Trabajé con ellos hasta el 2003 y desde ese momento sigo trabajando con estos residuos, además de residuos de plátano, cáscaras de cítricos, residuos de la industria de la caña y de la palma. También trabajo con residuos de la industria del papel y de fibrocemento.

  1. ¿Por qué trabajar con el café y sus derivados? ¿Cómo logró descubrir los beneficios que tenían los residuos agroindustriales del café?


  1. ¿Qué la motivó a tomar la decisión de proteger sus desarrollos mediante patentes?

En la medida que estamos progresando los colombianos, se le está dando valor al conocimiento y a la propiedad intelectual. Tenemos que dejar de ser los copiadores de antaño. Hoy en Colombia hay gente más educada y respetuosa del conocimiento ajeno. Mientras más novedosa y mejor tecnología tenga la invención, su cliente objetivo estará en el mundo entero, no solo en el país. En países como el nuestro todavía hay limitaciones muy grandes para inversiones de capital y de credibilidad para las invenciones, pero el mensaje es: haga el esfuerzo paralelo de proteger su invención al que hace con la investigación o el emprendimiento. Muchas veces es la invención y no el emprendimiento el que le va a dar los réditos que merece.


La iniciativa fue en el año 2012 por parte de mi gran amigo el Dr. Mario Calderón Rivera. Él quiso que hiciéramos ese emprendimiento en honor a su esposa quien tuvo que importar el hongo para mejorar su salud debido a sus propiedades como sistémico y modulador del sistema inmune. En este momento esa patente la utilizamos para proteger el conocimiento y la sociedad donde estamos emprendiendo con gente joven para sacar al mercado nuevos productos.

  1. Usted obtuvo una patente de invención por un proceso para la obtención del hongo Ganoderma lucidum a partir del sustrato de pulpa de café, ¿cómo surgió esta idea?


  1. Este proceso patentado fue la base para crear la empresa REISHI. ¿Qué relevancia tuvo la patente dentro del proceso de creación de la empresa y cuáles fueron los retos más importantes que tuvo que enfrentar en los primeros años de funcionamiento?

Esta patente en especial ha servido para proteger el conocimiento en un emprendimiento que, como es usual, tiene muchas dificultades iniciales y que por ello requiere protección intelectual e industrial. En este momento REISHI COLOMBIA SAS está en manos de jóvenes emprendedores y estamos en el proceso de sacar al mercado nuevos productos.

Los retos han sido muchos por ser este un producto muy nuevo y aun ahora la novedad del producto nos impide avanzar con la solicitud de INVIMA, todavía en trámite. Un año y medio tarda esta entidad para otorgar una licencia, ¿usted se imagina el esfuerzo financiero? Otro gran reto es el mercadeo por la misma causa, un producto que hasta ahora comienza a conocerse debe promocionarse empezando de cero.


En cuanto al proceso en general, el mayor reto es lograr una planta piloto bien diseñada y con buenos resultados. Después, el reto más importante es el mercadeo. En cuanto a las licencias, el producto es la patente y se debe trabajar duro para lograr los contactos con quienes puedan beneficiarse de la solución que esta presenta.

  1. Entendemos que también ha logrado licenciar su solicitud de patente sobre un proceso para la obtención de aceite clarificado a partir de borra de café y de granos enteros y/o deteriorados. ¿Cuáles son los retos más importantes que se deben superar para tener éxito con el proceso y las licencias?


  1. ¿Cuáles cree que son los beneficios más importantes que tiene la protección de la Propiedad Industrial para los inventores colombianos?

Primero, la protección del proceso ante competidores y copiadores. Segundo, la credibilidad sobre todo para clientes en otros países. Poco a poco y en la medida que tenemos reconocimiento en el exterior, los colombianos van a creer en la importancia de formalizar su propiedad industrial. Recomiendo a los jóvenes que las patentes sean también registradas paralelamente en Estados Unidos de América, eso ayuda a que se reconozca por partida doble la veracidad y novedad del conocimiento, pues una patente internacional lo valida respecto a inventores del resto del mundo. Son patentes en inglés las que más búsquedas tienen y las que más se consultan.


Desde el año 2012 he recibido capacitaciones y recursos para gestionar algunas de mis patentes. Puedo decir que cuatro de ellas son gracias a la SIC, Colciencias e INNPULSA.

  1. ¿Qué tipo de orientación y beneficios ha recibido de parte de la SIC para patentar?


  1. Un mensaje para todos los inventores colombianos que deseen sacar provecho de sus creaciones

Asegúrense de que su esfuerzo no se pierda con una buena copia de un vecino o seguidor. Como todas las cosas que son buenas, el éxito de una patente requiere tiempo y dedicación. Podemos, si nos lo proponemos, alcanzar niveles de tecnología de países industrializados. Si nosotros no patentamos, ellos (Estados Unidos, Israel, Alemania, etc.) sí lo hacen y seguirán siendo los dueños de la tecnología. Patentar vale la pena.