LA PROPIEDAD INDUSTRIAL UNA PODEROSA HERRAMIENTA.


 

Por: Jairo Rubio Escobar
Superintendente de Industria y Comercio

Cuando se habla del término propiedad, normal-mente viene a la mente la idea del derecho de dominio que se ejerce sobre los bienes corporales, muebles e inmuebles. Pasamos por alto, en esa primera impresión, la existencia de otro tipo de bienes sobre los cuales tam­bién se ejerce una especie de propiedad, como lo son los bienes incorporales. Es ella, ciertamente, la llamada pro­piedad intelectual, la cual recae sobre las creaciones artís­ticas, literarias o científicas, por el lado de los llamados derechos de autor, y sobre las patentes y las marcas, entre otros, si aludimos a propiedad industrial.

Es paradójico que no tengamos permanentemente presente este concepto, pues los bienes que lo conforman se en­cuentran en todas las actividades de nuestra vida. Desde la cuchilla que utilizamos para afeitamos en la mañana, cuyo diseño probablemente se encuentra protegido, hasta la indumentaria que usamos para dormir, la cual adquirimos por llevar determinada marca, pasando por los alimentos y medicamentos que consumimos, algunos de los cuales se encuentran patentados y prácticamente todos tienen una marca que los diferencia de los demás, y los avisos que nos encontramos camino a la oficina, que distinguen diferentes empresarios y establecimientos de comercio, tienen la co­mún característica de ser bienes de propiedad industrial.

Respecto a esta especie de propiedad, se ha surtido un largo proceso evolutivo, que ha llevado a que tanto marcas como patentes, de ser simples mecanismos de diferencia­ción de productos y servicios, para el caso de las marcas, y limitados herramientas de protección, si nos referimos a las patentes, hayan llegado a ser los activos más importan­tes con los que pueda contar un empresario, y con los que se pueden cumplir las más variadas funciones.

En efecto, además de su primigenia función diferenciado­ra de bienes y servicios, las marcas cumplen otros come­tidos como el de ser un signo acreditativo de la calidad y un eficaz mecanismo publicitario, así como un importante elemento que facilita la competencia empresarial y sumi­nistra al consumidor un medio idóneo para ejercer su dere­cho de elegir libremente los bienes y servicios que mejor se adapten a sus necesidades. Las patentes, por su parte, constituyen el vehículo a través del cual viajan los mas variados conocimientos tecnológicos en todos los campos del saber científico, los cuales pueden ser consultados, sin restricción alguna, por cualquier persona interesada, y contribuyen a incentivar los procesos de investigación y desarrollo, tan necesarios en la actualidad.

Lo anterior ha traído como consecuencia que los activos de propiedad industrial, en la actualidad, en muchos casos, hayan desplazado en importancia y valor a los activos corporales de las empresas, llegando a representar, en no pocos casos, el activo mas valioso e importante de la compañía.

Por eso se hace necesario que los empresarios, al igual que se preocupan por el cuidado de sus activos físicos, lo ha­gan también por el de sus bienes intangibles. El cuidado y mantenimiento de la propiedad industrial de una empresa, supone una serie de actividades que deben ser precedidas, en todo caso, por un conocimiento del tema así sea general. Saber cuáles son y cómo se adquieren los derechos; conocer qué características tiene cada uno de ellos; aprender qué provecho se puede obtener del licenciamiento de una mar­ca; tener presentes los casos en que se puede solicitar una licencia obligatoria de una patente; entender la finalidad de los documentos de patentes, son, entre otros, algunos de los temas que todo empresario debería conocer. En lo referente a la adquisición y disfrute de los derechos, es imperativo que se conozca el trámite administrativo, y los mecanismos que suministra la legislación para defender los derechos. Estar al tanto de posibles solicitudes que puedan infringir o menoscabar la efectividad de una marca o patente, es otra de las conductas que debe asumir cualquier titular de registro, lo mismo que adoptar las medidas para evitar la pérdida de fuerza distintiva, en el caso de las marcas, o la pérdida del derecho por no cancelar las tasas de mantenimiento, por ejemplo, si nos referimos a patentes.

Las patentes, por su parte, consti­tuyen el vehículo a través del cual viajan los mas variados conoci­mientos tecnológicos en todos los campos del saber científico

Todos estos aspectos hacen parte de lo que podemos deno­minar la cultura de la propiedad intelectual, la cual consiste, precisamente, en sensibilizar a la clase empresarial sobre las características y bondades del sistema, partiendo de la premisa, evidente e incontrovertible, de que la propiedad in­telectual es una disciplina que bien utilizada puede generar grandes beneficios al país y a los empresarios en particular, lo mismo que si es ignorada, desperdiciada o mal adminis­trada, puede causarle, a uno y a otros, enormes riesgos.

Por ello, y como un primer paso que apunte hacia el objeti­vo de crear dicha cultura, es necesario propiciar un cambio en la mentalidad del empresario colombiano, que lo lleve a aprender a utilizar eficientemente en su beneficio los bienes de propiedad industrial, de tal manera que, de esa forma, pueda tener acceso a los medios que le permitan soportar exitosamente la agudización de la competencia propiciada por la ampliación de los mercados presentada por la sus­cripción de Tratados de Libre Comercio que tanto se han generalizado en todo el mundo.

 

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