Por: Jairo Rubio Escobar
Superintendente de Industria y Comercio
Cuando una persona desarrolla una invención, es apenas normal que pretenda explotarla de forma exclusiva. Más aún, si el desarrollo de la invención ha representado un esfuerzo considerable.
Pues bien, para lograr la exclusividad pretendida, el inventor puede optar por una de dos vías. O mantener secreto el desarrollo de la invención, caso en el cual, así como puede permanecer secreto por un largo término, también es posible que sea descubierto en cualquier momento, o, y esta es la otra vía, optar por una patente de invención, cuyo logro exige que se divulgue completamente la invención para que vencido el término de protección, el nuevo desarrollo pueda ser explotado por cualquier persona, es decir se vuelva de dominio público.
A medida que la ciencia evoluciona, es menos probable que una nueva creación pueda permanecer secreta por largo tiempo y, por tanto, es cada vez más frecuente que se recurra al mecanismo de las patentes.
Las patentes, además de la función de conferir la exclusividad en la explotación de los inventos, cumplen otras funciones. Así, al ser un "reconocimiento" a los inventores, este mecanismo incentiva la innovación. Por eso, en los países en los que la ciencia y la tecnología son fuertes, es en los que existen sistemas de patentes más sólidos y eficientes. Simultáneamente, el sistema de patentes suministra la más completa fuente de información tecnológica y, en este sentido, es que les puede prestar más beneficios a los países que menos capacidad de innovación tienen. Estos países, como puede ser el nuestro, encuentran en los documentos de patentes, valiosos conocimientos que pueden ser aplicados, de alguna manera, a la industria o investigación nacional.
De otra parte, un Estado que garantice la protección a las invenciones, es un campo abonado para que florezca la inversión extranjera. Las grandes empresas innovadoras, desecharán la posibilidad de establecerse en un país, en el que no cuentan con la debida protección a sus nuevos desarrollos tecnológicos.
Ciertamente, el sistema de patentes no está exento de críticas, la más recurrente de ellas que, al constituir, para efectos prácticos, un monopolio, dificulta el acceso de la mayoría de la población a los nuevos desarrollos (caso de los medicamentos). Sin embargo, para evitar los eventuales efectos negativos de las patentes, el mismo sistema contempla algunos mecanismos, como lo son las licencias obligatorias (el uso de la invención por terceros aún contra la voluntad del titular) y, además, existen otras herramientas que pueden usar los gobiernos para anular o minimizar dichos efectos, como lo es la política de control de precios.
Lo cierto es que el actual escenario económico mundial exige contar con un sistema de patentes que, bien utilizado, puede prestar grandes beneficios al país, en una primera etapa nutriendo de información tecnológica a nuestro aparato productivo y, posteriormente, protegiendo la innovación que se genere como consecuencia del uso de dicha información.