Por: Jairo Rubio Escobar
Superintendente de Industria y Comercio
Todos los gobiernos, sin importar su ideología, tienen como mandato el procurar el bienestar de sus gobernados, lo que implica, entre otros, que ellos puedan acceder a los niveles mínimos de atención médica, alimento, vivienda, vestido y educación, lo que significa reducir la pobreza, la cual alcanza al 80% de la población mundial. La lucha contra la pobreza es una responsabilidad común a todos los países. Pues bien, uno de los mecanismos con que cuentan para lograr cumplir su cometido, es la política de competencia.
En efecto, la aplicación efectiva de una política de competencia trae consigo que las empresas, en su afán de aumentar el numero de clientes que las prefieran, sean mas eficientes con el objeto de ofrecer productos y/o servicios mas variados, a menor precio y con mejor calidad, en beneficio de los consumidores. En otras palabras, promover la competencia permite alcanzar precios justos y razonables y, por ende, que mas personas tengan acceso a los bienes y servicios de primera necesidad, lo que permite la reducción de la pobreza. Si no tenemos competencia, los consumidores nos vemos avocados a adquirir el bien o servicio en las condiciones que imponga el monopolista, quien no tiene ningún incentivo para ofrecer condiciones favorables de venta, calidad, precio y servicios para los consumidores.
Si las empresase stán en un mercado competitivo, se ven incentivadas a buscar la forma de producir a un menor costo, es decir, a mejorar la eficiencia y competitividad de la compañía, innovando en las formas de producción y comercialización, para brindar mejor calidad y mejores precios, lo que favorece a todos los segmentos de la sociedad, incluyendo a los mas pobres, que tienen bajo este esquema mas facilidades para acceder a los bienes y servicios de primera necesidad.
Pero la pobreza no solo se reduce en un mercado competitivo por la ampliación de la posibilidad de acceder a bienes y servicios de primera necesidad, por tener precios mas bajos que los que existirían en un mercado monopolístico, sino porque una política eficiente de competencia favorece el crecimiento económico al hacer mas eficientes los diferentes mercados, lo que contribuye a la reducción de la pobreza. Y decimos que el crecimiento económico ayuda a la reducción de la pobreza, en la medida que implica, entre otros, un efecto sobre el empleo, al generar mayores puestos de trabajo, y un aumento en la recaudación de impuestos, los que si se utilizan en debida forma, es decir en servicios e infraestructura a la que tengan acceso los pobres, implica una disminución de la pobreza.
En conclusión, la promoción y preservación de mercados competitivos se constituye en un instrumento eficaz para la reducción de la pobreza. Por ello, la SIC es consciente que la promoción y aplicación rigurosa de la política de competencia es la mejor contribución que puede efectuar para lograr tal cometido, impidiendo las conductas anticompetitivas y las concentraciones en la economía que restringen indebidamente la competencia, lo que conllevará a una mayor competitividad de nuestras empresas y mejores opciones para nuestra sociedad, especialmente para las clases menos favorecidas.